El infarto de miocardio, comúnmente llamado ataque cardiaco, es el resultado más serio de la enfermedad cardiaca coronaria, el endurecimiento de las arterias que proveen de sangre al músculo cardiaco.
Cuarenta y cinco por ciento de todos ataques cardiacos ocurren en personas menores de 65 años.
La mayoría de las personas que tienen un ataque cardiaco, esperan 2 horas o más después de que sus síntomas comienzan para buscar ayuda médica, demora que puede resultar en la muerte o en un daño permanente del corazón.
El infarto de miocardio (IM) es una lesión del músculo cardiaco, o miocardio, que resulta de la falta de flujo sanguíneo al corazón. El término agudo se usa para describir un ataque cardiaco debido a que síntomas y lesiones ocurren súbitamente. Las personas que sufren ataques cardiacos requieren atención médica inmediata.
¿CUÁLES SON LOS SÍNTOMAS?
Si el tratamiento comienza inmediatamente después de que se inician los síntomas, se puede evitar la muerte y el daño al corazón causados por ataque cardiaco. Cada ataque cardiaco es diferente y puede tener síntomas diferentes.
Aunque diferentes personas hacen comparaciones variadas para expresar la molestia que sienten, algunos síntomas comunes son:
Malestar en el pecho que puede comenzar de forma leve y crecer en intensidad;
Malestar en otras zonas superiores del cuerpo;
Dificultad para respirar;
Tener de repente sudoración fría;
Sentirse mareado, aturdido o con náuseas; o
Eructar o vomitar.
Los médicos recomiendan que las personas mastiquen una aspirina en cuanto noten los síntomas de advertencia de un ataque cardiaco, porque los estudios han demostrado que mejora las probabilidades de supervivencia.
CAUSAS Y FACTORES DE RIESGO
El riesgo de tener un ataque cardiaco aumenta con la edad para hombres y mujeres. Otros factores de riesgo que contribuyen al desarrollo de la enfermedad cardiaca coronaria, ECC, comprenden:
Fumar;
Antecedentes familiares de enfermedad cardiaca;
Diabetes mellitus;
Altos niveles de colesterol o trastornos de los lípidos;
Hipertensión, o presión arterial alta;
Hacer una dieta rica en grasas y colesterol;
No hacer ejercicio con regularidad;
Tener sobrepeso; y
Consumir cocaína.
DIAGNÓSTICO
Las dos herramientas más comunes que usan los médicos para diagnosticar IM son el electrocardiograma (ECG) y análisis de sangre que identifica las sustancias químicas asociadas con ataque cardiaco. Otros estudios que los médicos pueden utilizar son:
Angiografía;
ECG de esfuerzo;
Prueba nuclear de esfuerzo; y
Ecocardiografia.
METODOLOGÍA DEL TRATAMIENTO
Cuidado de emergencia. Restablecer el flujo sanguíneo al corazón dentro de la hora del comienzo del ataque cardiaco puede prevenir o limitar el daño al músculo cardiaco y también puede disminuir las posibilidades de repetición de un ataque. Para restablecer el flujo sanguíneo al músculo cardiaco, los médicos usan terapia con trombolíticos, a veces conocida como terapia anticoagulante, o un procedimiento mínimamente invasivo conocido como angioplastia.
Cuidado posterior a la emergencia. Una vez que se ha instituido la terapia de emergencia y los estudios han confirmado que ha ocurrido un ataque cardiaco, los objetivos del tratamiento consisten en constatar si hay ECC, para prevenir un daño futuro al músculo cardiaco y minimizar el riesgo de repetición del IM.
Los medicamentos recetados a las personas que han tenido ataque cardiaco comprenden: antiagregantes plaquetarios, betabloqueantes, y bloqueantes de los canales del calcio.
En algunos casos la angioplastia o la derivación arteriocoronaria puede recomendarse después de un ataque cardiaco.
CAMBIOS EN EL ESTILO DE VIDA
Hay algunos pasos beneficiosos que las personas pueden seguir para minimizar el riesgo de tener un IM agudo. Por ejemplo, los cambios en el estilo de vida pueden ayudar a controlar la presión arterial alta y otros riesgos de ECC. Algunos de esos cambios son:
Dejar de fumar;
Comer adecuadamente a fin de reducir el colesterol alto;